Los vecinos de Ceuta, veinte días después: entre defender su identidad y «hacer las maletas»
Más de tres semanas después de la entrada masiva de inmigrantes, Ceuta no ha recuperado la normalidad. Sus vecinos describen una ciudad en vilo, entre el miedo, la resignación y las ganas de marcharse.
Han pasado más de veinte días desde que decenas de miles de inmigrantes entraron de forma masiva en Ceuta y la ciudad todavía no ha recuperado el pulso. Según relatan varios vecinos a ABC, las calles siguen sonando distinto, con sirenas frecuentes, farolas apagadas en algunas zonas y parques infantiles donde ya no juegan los niños.
El impacto y después
Los testimonios recogidos coinciden en una secuencia parecida. Primero llegó el impacto de ver trepar por las piedras a miles de personas en pocas horas. Después, lo que uno de los vecinos, Francisco, empresario de la construcción, describe como una auténtica bomba emocional: miedo, impotencia, rabia y una ansiedad que no distingue edad ni género. Nisha, coach y ceutí de tercera generación hindú, cuenta que varios de sus clientes han pasado a atenderse online porque el miedo les impide acudir presencialmente a su consulta.
Esa inquietud ha cambiado también los hábitos más simples. Las vecinas evitan salir solas, se avisan por mensaje cuando llegan a casa después de una cena y organizan sus paseos en grupo. Marta, médico de pediatría, describe una ciudad donde hay que cambiar de acera para no cruzarse con grupos numerosos y donde los coches circulan con miedo a atropellar a quienes cruzan la calzada sin atenerse a las normas de tráfico.
Muchas personas están hablando de hacer las maletas e irse, incluso de comprar una segunda casa en la Península por lo que pueda pasar
En barrios como el Príncipe Alfonso, la sensación de abandono se mezcla con la denuncia de una economía sumergida que se ha instalado en torno a la llegada masiva, con alquileres de coches, viviendas y azoteas, y empresas que según los vecinos contratan a los recién llegados como mano de obra precaria. Anissa, vecina musulmana y madre de tres hijos, resume el sentir de buena parte de las barriadas: se sienten españoles de segunda porque, dice, todo se lo han traído a su puerta sin que nadie les preguntara.
Miedo, sanidad y colegios cerrados
El temor a agresiones ha crecido especialmente entre las mujeres, después de que se hayan denunciado varios casos de agresiones sexuales y violaciones en las últimas semanas. Como respuesta han surgido cursos de defensa personal a precios simbólicos y grupos de paseo coordinados por aplicaciones de mensajería, algunos con más de doscientas mujeres que antes no se conocían entre sí.
A ese temor se suma la preocupación por la sanidad. Varios vecinos describen un hospital colapsado y temen que un brote de enfermedad, favorecido por las condiciones de hacinamiento, pueda desbordar un sistema ya al límite. Fuentes de La Legión desplegadas en la ciudad advierten de que ese escenario bastaría para hacer estallar los ánimos. Los colegios, todavía vandalizados y en parte ocupados, mantienen a muchos niños encerrados en casa, sin la actividad física que necesitan y sin colegio a la vista en el corto plazo.
Sensación de abandono
El desfile de ministros que han visitado Ceuta en las últimas semanas no ha logrado calmar los ánimos, según los testimonios recogidos por ABC, que lo describen como un gesto sin recorrido práctico. El despliegue de tropas se percibe insuficiente, con pocos vehículos para patrullar y sin respaldo estatal claro para actuar, lo que ha llevado a que ya se hable abiertamente de organizar grupos de autodefensa vecinal.
Los vecinos rechazan además que se les acuse de xenofobia, y reivindican una Ceuta de convivencia normal, con consultas médicas, amistades y relaciones que durante años no han hecho distinción de religión ni cultura. Lo que piden, insisten, no es cerrar la puerta a nadie sino que el Estado recupere el control de una situación que llevan semanas gestionando ellos mismos.
Con el verano llegando a su fin y los colegios sin fecha clara de reapertura, la ciudad afronta ahora la pregunta de si esta tensión se prolongará en el tiempo o si, como temen algunos vecinos, es solo el principio de un problema que no tiene visos de resolverse a corto plazo.
Si has llegado hasta aquí, es que esto te importa.