Muere Juan Tamariz, el mago que convirtió una baraja en poesía
El ilusionista madrileño, teórico de referencia mundial de la cartomagia y rostro familiar de la televisión española durante décadas, ha fallecido a los 83 años en Madrid.
Juan Tamariz, uno de los magos más célebres del mundo y uno de los teóricos más influyentes de la cartomagia, ha muerto este martes a los 83 años en el hospital Clínico San Carlos de Madrid, según confirmó su hija Ana en un mensaje compartido en Instagram. Ana Tamariz, que heredó la pasión de su padre, dirige hoy La Gran Escuela de Magia que lleva su nombre.
Nacido como Juan Manuel Tamariz-Martel Negrón, el mago dejó tras de sí un legado que sus propios colegas de profesión califican de inabarcable. No solo cosechó un éxito masivo entre el público gracias a décadas de apariciones televisivas, sino que generaciones enteras de cartomagos se declaran discípulos suyos, y publicó decenas de libros que lo consagraron como uno de los teóricos de la magia más reputados del planeta.
Del cine a la baraja
Tamariz estudió Físicas tras el Bachillerato, aunque su verdadera vocación había nacido mucho antes, según relató en una entrevista con El País en 2019. Con seis años ya hacía juegos de manos a los amigos de su calle, en el Madrid de la posguerra, y con 18 ingresó en la Sociedad Española de Ilusionismo tras un primer intento fallido dos años antes. En 1973 ganó con honores el Premio Mundial de Cartomagia en el Congreso Mundial de Magia de París, su verdadera presentación ante el circuito internacional.
La televisión terminó de darle la fama que ya tenía entre los magos. Los espectadores españoles empezaron a reconocer su sombrero de copa, su melena rizada y su célebre "chantatacháááán" en el concurso Un, dos, tres... responda otra vez, donde interpretaba a Don Estrecho. A partir de ahí no volvió a desaparecer de la pequeña pantalla, y se convirtió en uno de los rostros más queridos de la televisión española durante décadas.
Divertido y profundo, tierno y demoledor. Genio de lo cotidiano y poeta de lo imposible, Juan era el maestro
Así lo despidió este martes el mago y escritor Luis Piedrahita en una columna publicada en El País, en la que recordó sobre todo su humildad y su generosidad con otros ilusionistas. "Siempre estaba dispuesto a compartir su tesoro más valioso: sus ideas, su conocimiento, su pensamiento y su amor a la magia", escribió Piedrahita, que lo definió como un showman descomunal capaz de reunir a cientos de personas de madrugada en cualquier rincón del mundo con solo sacar una baraja.
Un maestro sin esmoquin
Tamariz se definía a sí mismo como el primer mago que rompió con la estética clásica del esmoquin y la distancia con el público. Prefería actuar sentado, cerca de los espectadores, con vaqueros y su característico sombrero, y defendía con firmeza la ética del oficio: rechazaba el uso de cartas marcadas o compinches porque, decía, quitaban emoción y misterio al juego. Esa cercanía y su feroz sentido del humor lo convirtieron en un referente también fuera de España, donde en 2011 Las Vegas le dedicó su World Magic Seminar bajo el lema Juan-der-ful.
Su influencia se extendió también a Latinoamérica, donde entabló amistad con magos como el argentino René Lavand o el francés Gaëtan Bloom, a los que ayudó a dar a conocer en España tras alcanzar la popularidad. Casado desde 2008 con la maga colombiana Consuelo Lorgia, a quien había conocido en un congreso mundial de magia en Viena en 1976, Tamariz siguió actuando y dando clases hasta sus últimos años, convencido de que jubilarse de una pasión así era casi imposible.
La noticia de su muerte ha generado una ola de homenajes espontáneos en redes sociales, con magos, cómicos y espectadores anónimos recordando trucos, apariciones televisivas y anécdotas personales con el mago madrileño. Queda por ver cómo se articula el homenaje institucional a una figura que, en palabras de sus colegas, reinventó la cartomagia moderna y dejó huérfanos a los magos de todo el mundo.
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